Breve guía para montar sus propias misiones

MANUAL DE INSTALACIÓN
Paso 1: Identifique la existencia de un día «D»
Si algo nos han enseñado los grandes maestros del populismo reeleccionista latinoamericano es que la única razón para anunciar el lanzamiento de una nueva misión es la posibilidad real de perder, como diría un abogado, el «usufructo de la cosa». Por tanto, deje de lado el bienestar colectivo, la suprema felicidad de los pueblos y otras zarandajas sentimentales, y revise detenidamente la presencia en el calendario de fechas decisivas para la continuidad de su gestión como el chivo que más micciona, ya sea en el ámbito familiar, ya sea en el micromundo laboral (aniversario de matrimonio, cumpleaños de la pareja, visita de la suegra, ascenso laboral, plan de reestructuración). Cuando no haya eventos institucionales que pongan en peligro su permanencia en «el coroto», lo más recomendable es hacerse el loco y entonar viejos pasajes llaneros («Linda Barinas, tierra llanera / caminos de palma y sol / cuando se pone más bella/ siempre la tarde / cuando matiza el paisaje / pinceles de un arrebol»). También ayuda relatar jocosas anécdotas acerca del silbón o los espíritus de la sabana.
Paso 2: Seleccione su bandera social
Es el paso más fácil de ejecutar para todo aquel personaje ladino e incompetente, dado que lo desastroso de su desempeño profesional convierte prácticamente cualquier aspecto de la actividad humana en una causa reivindicativa que merece el respaldo de una nueva misión. Llegados a este punto, lo importante es saber «leer» las encuestas, los estudios demoscópicos e incluso los chismes de pasillo, para identificar los asuntos que más angustian a las personas que dizque se beneficiarán con la medida populista.
Paso 3: Prohíbase fallar
Haga un mea culpa público. Reconozca con humildad que, en su afán de garantizar la paz en todos los planetas de la Vía Láctea, quizás descuidó ligeramente sus responsabilidades ordinarias (hacer el mercado, llevar los niños al colegio, dar de comer al loro). No vacile en regañar por tarados e indolentes a sus colaboradores más directos. Finalmente, con los ojos inyectados de pasión mesiánica, lance una declaratoria de guerra a los enemigos del proceso (las viejas chismosas de la junta de condominio, los exmaridos de su pareja o el imperio norteamericano y sus lacayos escuálidos).
Paso 4: Cante el himno nacional
En el pomposo mundo del fariseísmo y la hipocresía sólo existe un modo de refrendar el compromiso con las causas más sagradas de la patria: entonar las gloriosas notas del himno nacional, en compañía de las desafinadas voces de los jalabolas de ocasión. Así que empiece: «Gloria al bravo pueblo…».
Paso 5: Lance la misión
Luego en cadena de Radio Bemba (pero también con oportunos tips informativos en Facebook y Twitter) comunique al «pueblo mesmo» la creación de una nueva misión demagógica, cuyo título no debe superar, por razones nemotécnicas, las dos palabras. Ejemplos: Misión Silicona (para atender a la pareja embaucada por los fabricantes franceses de implantes mamarios), Misión Escape (para revivir la pasión perdida con sorpresivas citas románticas), Misión Gourmet (para relevar a la esposa de la tarea de cocinar los fines de semana), Misión Cochina (para retomar los juegos de dominó con otros esposos sometidos), Misión Panamericana (para compartir hotel y mullido tálamo con fembra placentera) y Misión Chuchería (para llevar a los más pequeños a pasear los domingos).
Paso 6: Meta a sus compinches en la jugada
Aproveche el lanzamiento de la misión para anunciar el apoyo solidario de sus amigotes (cubanos, iraníes, bielorrusos, azotes de barrio, borrachitos o compañeros del softball), quienes, a cambio de un pago meramente simbólico (unos cien millones de barriles de petróleo por día, en el caso de los cubanos), se comprometen a brindar labores de asesoría técnica en el marco de la idea de la patria (y la rapiña) grande.
Paso 7: Active la fase uno
Con auténtica «cara de piedra» anuncie el comienzo de la primera etapa de su misión, a saber: la realización de un censo. Y puesto a ser cínico, aproveche la oportunidad y diga también que «dicha fase» tendrá una duración aproximada de seis meses (no importa que al final piense favorecer a cuatro gatos). Aproveche su carisma de comunicador social nato para dejar bien en claro que a usted sólo lo mueve el legítimo deseo de conocer la realidad (familiar, empresarial, venezolana) en su total y dramática dimensión. En resumen, usted sólo es un soldado.
Paso 8: Proceda al bembeo y al bombardeo mediático
Ha llegado la hora de la llamada «batalla de las ideas», también conocida como «guerrilla comunicacional», la cual, a efectos de esta modesta guía, debe interpretarse como una simple batalla de eslóganes demagógicos del tipo «conmigo manda mi esposa», «todo el poder para los suegros» y «soy una brizna de paja». La idea es desarrollar una campaña de mercadeo viral que permita la transmisión reiterada de mensajes propagandísticos que proclamen, en ritmo de salsa, tambores y reguetón, los logros reales e imaginarios de la nueva misión. Las piezas comunicacionales tienen que responder a la estética del videoclip y la lógica del testimonial (una pequeña alusión a una «historia de vida»). Lo importante es que la gente se aprenda la cancioncita e inconscientemente la tararee. No olvide la siguiente máxima: Donde hay repetición no hay pensamiento y en ausencia de pensamiento no puede darse una rebelión…
Paso 9: Divulgue los resultados del censo
Luego de seis meses de su declaración solemne de guerra a muerte, no faltará quien ose tildarlo de embustero. En este sentido, se hace imperativo acallar las voces de la jauría mediática. Para ello es menester revelar los datos definitivos del censo. Si durante estas jornadas de divulgación usted no se siente cómodo en el papel de «vocero», le recomendamos solicitar ayuda profesional a cualquiera de los milagrosos maquilladores de la plantilla del Instituto Nacional de Estadísticas. Lo importante es que usted pueda disfrutar del frenesí heurístico de descubrir el agua tibia.
Paso 10: Active la fase dos
Con el mismo cinismo que hizo posible cada uno de los pasos anteriores, proceda a autorizar el inicio de la segunda fase de la nueva misión, a saber: el inicio del registro nacional de «vencedores» y «vencedoras». Aproveche para aclarar, como quien no quiere la cosa, que esta fase «apenitas» durará otros seis meses.
Paso 11: Alimente la ilusión: apele a la lista de espera
La esperanza tiene su lado macabro, por algo era uno de los males apiñados en el mítico baúl de Pandora. Eche mano de este expediente, y como si se tratase de un operativo de trasplante de órganos o de uno de los sorteos del Kino Táchira, aliente a los preteridos de siempre con la hipotética existencia de una lista de espera. En este sentido, es imperativo transmitir testimoniales de supuestos triunfadores para que los perdedores alimenten sus sueños de gloria. Sólo en casos de extrema necesidad apele a recursos tan crueles como la presentación de maquetas o la inauguración de piedras fundacionales.
Paso 12: Celebre el aniversario de la misión
Aproveche la llegada del primer aniversario de la medida para anunciar con bombos y platillos el relanzamiento de la misión; una movida geoestratégica que consiste, en esencia, en utilizar el siempre efectivo ardid semántico de anteponer el adjetivo «gran» a un nombre ya desacreditado (verbigracia: Gran Misión Maqueta Venezuela). Finalmente, para que la cosa sea digna de figurar en los anales republicanos, sírvase retomar estas modestas recomendaciones desde el paso cuatro.
¡Gloria al bravo pueblo….! Bis.
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