miércoles, junio 11, 2008

Perversa inocencia

¿Existe la inocencia en política? Acaso valga la pena detenerse en una reflexión del novelista checo Milan Kundera en su novela La insoportable levedad del ser. Tomás, personaje central de la obra, sostiene que los regímenes comunistas de Europa del Este no fueron producto exclusivo de seres criminales: para su consolidación también contaron con el apoyo de apóstoles convencidos de haber alcanzado la tierra prometida.
Recuerda Tomás que estas vestales del compromiso popular, una vez acabada la farsa comunista, con su cauda de pobreza y opresión, no se esfumaron con el sistema. Por el contrario, con penosa voz confesaron a sus respectivos pueblos: “Hemos sido engañados. Creíamos de buena fe. Por eso, en lo más profundo de nuestras almas, somos inocentes”.
Ante este “sincero” mea culpa, Tomás pensaba que la pregunta esencial no era si sabían o no sabían, sino más bien: ¿Es inocente el hombre cuando no sabe? Evocó entonces la tragedia de Edipo, quien al darse cuenta de que había matado a su padre y había copulado con su madre, no pudo sentirse inocente: Incapaz de soportar la triste visión de su historia, se perforó los ojos y se marchó ciego de Tebas.
La obra de Sófocles sirvió al reflexivo personaje de Kundera para cuestionar el adamantino supremacismo moral del buen revolucionario; oscuro personaje de la sociedad totalitaria que, sin mengua de su pureza ontológica, contribuye activamente al desmantelamiento de las libertades ciudadanas. Verdadera criatura de los avernos que ni siquiera se permite la decorosa salida del exilio o el ostracismo.
En Venezuela, una locuaz caterva de sanguijuelas burocráticas se afana por defender las supuestas virtudes jurídicas de una legislación que consagra abiertamente la delación y el espionaje. Naturalezas anfibias que, en medio de un pestífero lodazal de adulancia palaciega, sueñan con ser reconocidas por el poderoso dedo del jefe máximo.
Sin embargo, la triste verdad es que estos vulgares sapos no harían mayores daños si no contasen con la complicidad de aquellos individuos que se jactan de no meterse en política, dizque porque ellos no hacen mercado con las ideologías, y si no trabajan no comen. Resulta sorprendente escucharlos pronunciar semejante memez; como si fuese lo mismo chambear en una democracia liberal que en un asfixiante sistema comunista. Lo curioso es que a pesar de que blasonan de ser sujetos libres e independientes, tienen pintados en sus rostros lo barato de sus precios.
Alexis de Tocqueville en su inmortal libro La democracia en América lo advirtió: “Cuando en los pueblos democráticos se desarrolla el afán por los bienes materiales más rápidamente que la cultura y los hábitos de la libertad, llega un momento en que los hombres se encuentran como arrebatados y fuera de sí a la vista de los objetos que están próximos a adquirir. Preocupados únicamente en hacer fortuna, no advierten el estrecho lazo que une la fortuna particular de cada uno de ellos con la prosperidad de todos. No es preciso arrancar a tales ciudadanos los derechos que poseen: ellos mismos los dejan escapar (...) Una nación que no exige a su gobierno más que el mantenimiento del orden, ya quiere la tiranía en el fondo de su corazón; es esclava de su bienestar, antes de que aparezca el hombre que efectivamente la encadene (...) Hasta los más pequeños partidos pueden tener esperanzas de convertirse en dueños y señores de los asuntos públicos cuando la masa de los ciudadanos no quieren ocuparse más que de sus intereses privados. Entonces no es raro ver en el vasto escenario del mundo, al igual que en nuestros teatros, una multitud representada por un grupito de personas, que son las únicas que hablan en nombre de la masa ausente o distraída; sólo ellos actúan en medio de la inmovilidad universal; disponen, según su capricho, de todas las cosas, cambian leyes y tiranizan las costumbres a su antojo; y causa asombro ver en que pocas e indignas manos puede caer un gran pueblo”.
Sapos y apolíticos se creen inocentes. Limpios de polvo y paja. Listos para contribuir en el diseño y ejecución de un nuevo disparate nacional. Edipos modernos, que mantienen firmes sus miradas sobre la crispación y la animosidad que, con tan buena disposición, ayudaron a crear.

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3 Comments:

Blogger Inos. said...

En nuestro universo local, no hay nada más culpable que la inocencia.

Y también viceversa.

Paradojas del homo ¿sapiens?.

Saludos, don Vampiro.

8:18 p.m.  
Blogger Joaquín Ortega said...

trozo e' relexio'n mi broder!!!

un gran abrazo

J

11:09 p.m.  
Blogger Inos. said...

Por cierto, aquí le dejo un blog "bipolar" con gran sentido del humor:

http://elchiguirebipolar.blogspot.com/

Salú.

2:51 p.m.  

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