miércoles, julio 09, 2008

Siempre de regreso

Para muchos de los draconianos jueces de la aventura humana la juventud nunca expiará totalmente la culpa derivada de su ominoso pecado original: la inexperiencia.
En el refranero popular, supuesta fuente de inagotable sabiduría, abundan las paremias que ensalzan la destreza y veteranía de los sujetos entrados en años. El dicho más famoso, en tan amplia colección de lugares comunes, acaso sea aquel cuya letra nos advierte que más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Al tanto de esta particularidad, Aristóteles reflexionó en su Retórica: “Utilizar sentencias es adecuado con la edad de los ancianos y a propósito de asuntos en los que se tiene experiencia, de modo que usarlas cuando no se tiene dicha edad es tan inadecuado como contar historias, y hacerlo a propósito de asuntos en los que se es profano es una tontería o una falta de educación (...) Conviene recurrir a las sentencias más trilladas y corrientes sí son adecuadas, pues por ser corrientes, por no estar nadie en desacuerdo con ellas, dan la impresión de ser verdaderas”.
Todos en algún momento nos hemos dado de bruces con la indestructible tapia de la veteranía. Aún no ha nacido el joven cuyo parecer no haya sido interrumpido con la intempestiva e irrebatible frase: ¡Tranquilo mijito, que cuando usted va ya yo vengo! Voz de mando pronunciada por el incansable andariego -siempre en eterno retorno- que cuando dice que el burro es gris es porque tiene los pelos en la mano.
Vana tarea esta, sin duda, la de tratar de cuestionar la sapiencia inmanente al rostro surcado por las arrugas. Un despropósito de la mocedad que siempre luce chocante a los ojos de aquellos que en mala hora vieron marchitar su piel. Para ellos, conmilitones del crepúsculo, resulta intolerable el descaro exhibido por el grupo de individuos que además de atesorar belleza y lozanía pretenden también usurpar las prerrogativas propias de la voz cascada, a saber el manejo sacerdotal y chamánico del conocimiento del bien y del mal.
Como toda élite, la gerontocracia precisa de la construcción de un relato sociológico que legitime su posición de predominio. Es por ello que sus venerables integrantes a menudo hacen hincapié en la gastada leyenda negra de la generación boba: “Claro que a nosotros los mayores nos gustaría ceder la guardia, pero lamentablemente no observamos en los jóvenes la intención de tomarse las cosas en serio, de madurar psicológicamente y aceptar los rigores del paso del tiempo”. Llama la atención, sin embargo, que quienes esgrimen semejante argumento no salen del consultorio de un cirujano plástico ni pelan una sesión de bailoterapia.
A esta nada despreciable inconsistencia debemos agregar el manejo oportunista que los sexagenarios hacen de su edad. Cuando desprevenidamente incurrimos en el agravio de recordarles su fecha de nacimiento brincan airados para aclararnos en términos inamistosos que ellos se encuentran en la flor de la vida y lo suyo no es otra cosa que una juventud prolongada. Pero a la hora de esquivar una cola bancaria, pagar la tarifa preferencial de un servicio o gozar de una pensión de vejez los otrora chamines no dudan en abrazar su condición de personas de la tercera, cuarta o hasta octava edad...
Diariamente observamos como muchos sujetos experimentados se afanan por hacer pasar la vulgar maña por sabiduría milenaria. Sólo que el truquito ingenioso es pirausta que vive únicamente en el fuego de la tribu. Su configuración no tolera la brisa renovadora de los tiempos modernos.
Ya lo dijo Oscar Wilde: “La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que le damos a nuestros errores”.

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2 Comments:

Anonymous Led Varela said...

Vampiro, de nuevo, muy bien, tu articulo me recordo una cosa que vi hace unos meses en altamira, era un domingo e iba si no me equivoco a casa de una amiga de la familia cuando vi a un monton de viejitos hablando, habian muchos y la calle estaba cerrada como para un evento, los viejitos hablaban con un tono de eso que tu llamas "sabiduria milenaria", uno de los viejos hablaba como bien podria hablar el highlander MacLeod, cuando regresaba vi a todos los mismos ancianos haciendo bailoterapia, mientras la entrenadora les hablaba y los animaba como se anima a unos retardados, me dio risa, no por ellos, sino una risa nerviosa por mi, por mi deseo de no hablar tanta paja para luego hacer "el indio" como decir mi abuela española racista, hace poco me entere que Oscar Niemeyer, arquitecto brasileño que proyecto la ciudad Brasilia cumplio 100 años, y todavia hace proyectos...y buenos, y buenos tambien los ensayos que me mandaste sobre la risa, me animo a mi a escribir uno tambien, luego te lo mando a ver que opinas, un abrazo Vampire.

1:03 a.m.  
Blogger Inos. said...

La experiencia nos sirve para meternos otra vez en los mismos problemas, con premeditación y alevosía ejemplares.

Placer que no parecen compartir ciertos moralistas de avanzada (edad).

Saludos.

3:35 p.m.  

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