jueves, febrero 26, 2009

Wenyerli



Quizás estaba divirtiéndose en los amplios jardines de un palacio fantástico cuando los gritos de sus hermanitos interrumpieron la felicidad de su sueño infantil. Debió enfrentase entonces, con las pupilas dilatadas y los músculos adormecidos, a las llamaradas crecientes de una pesadilla tan verdadera como la infame pobreza que la había hacinado junto con su familia en los reducidos espacios del cuartucho situado en el barrio Oropeza Castillo de Gramovén.
Wenyerli Chirinos sólo convino morirse tras rescatar del humo y del fuego a los tres seres cuyo afecto y compañía alimentaban su corazón: Raúl (6 años), Oswal (7 años) y Wendymar (9 años). Una vez que los supo a todos liberados, este hermoso ángel, sin alas nacido, se permitió la humana flaqueza de ceder a la fragilidad de su cuerpo, y cayó desmayada en medio de cuatro paredes que aún ardían.
Varios minutos después su tío consiguió echar abajo la puerta que encerraba los últimos alientos de una vida que mereció más, mucho más. Franklin Duerto, más nervios que hombre, aguzó su mirada hasta conseguir el contorno de la niña asfixiada en un rincón. La tomó entre sus brazos tan rápido como le fue posible -tampoco es que era un bombero-, y al apretar contra sí la carne lastimada tuvo tiempo de escuchar, no un gemido, no la angustiosa resonancia de una respiración entrecortada, sino la insistencia de una cuantas preguntas: “Mis hermanos, ¿cómo están mis hermanos? ¿Qué les pasó a ellos? ¿Verdad que están bien?”.
La valiente Wenyerli llegó con vida al hospital Periférico de Catia. Sin embargo, las graves quemaduras habían tatuado en su piel la tragedia de su destino. A las pocas horas cesó su dolor, y se eternizó, en cambio, el de su madre, María Militza Duerto, operadora de limpieza del Metro de Caracas.
Unos testigos afirman que fue un cortocircuito. Otros dicen que fue uno de los niños que se puso a jugar con una caja de fósforos. Todos coinciden en que se trató de una lamentable imprudencia de una mujer que bien podía haberle solicitado el favor a cualquiera de sus vecinos para que le cuidasen a los pequeños. Una mujer sola abatida por la desgracia. Y no afirmamos que por el abandono porque todavía no sabemos si el padre que se echa de menos en este doloroso relato se encuentra ausente por desatención de sus responsabilidades conyugales o porque más bien le tocó ser otra de las víctimas de la sanguinaria lotería que celebra sus sorteos de violencia e impunidad en los barrios de Caracas.
Reviso nuevamente la información del fallecimiento de Wenyerli y no puedo evitar incomodarme con el empeño del autor de la nota en clasificar como residencia a lo que todas luces no pasa de ser un irrespirable tabuco, donde sólo caben, a juzgar por la gráfica, una cama matrimonial -donde dormían la madre y sus cuatro hijos - y una mesa, con pocas gavetas, que sostiene en su tope el peso de un televisor pantalla negra de veinte pulgadas. Al fondo, unos cuantos estantes se encuentran ordenados en lo que parece ser, mediante un uso generoso de la imaginación, una suerte de clóset o armario. Por lo demás, en ningún lado puedo avistar el dintel y las jambas que anuncien la presencia de un baño en fase de construcción. Únicamente hay tres paredes. Tan juntas que parecen una trampa “que no mata pero no libera”.
¿Dónde está la supuesta riqueza que bendice a Venezuela?, me pregunto. ¿Cómo es posible que aquí se hable de proyectos grandilocuentes y glorias supracontinentales mientras una parte enorme de nuestra población ve consumirse sus sueños y años productivos en míseras ratoneras? ¿Cómo alguien puede atreverse a sugerir lo eterno, lo perpetuo, en medio de tanta precariedad, de tanta fugacidad? Y es que ante las cenizas del modesto cuartucho de Wenyerli resulta verdaderamente un insulto, una afrenta imperdonable, fatigar los oídos que sólo desean silencio con los trajinados espantajos del fascismo, el magnicidio o el imperialismo.
En una tierra donde tan alegremente se habla de enfrentamientos y guerras civiles, en un país donde de modo cainita se ofrece la sangre del otro para derramarla en batallas absurdas contra enemigos imaginarios, una desafortunada estudiante que no acudirá más a su curso de tercer grado en la escuela Pedro Manuel Ruiz en los Magallanes de Catia, una niña de ocho años, una heroína de esta hora menguada, nos recuerda con su existencia lo único que toca hacer por nuestros hermanos una vez llegada la hora de la verdad.
Por eso, amigo lector, cuando la voz insolente del poder vuelva con su cinismo a querer postergar tus necesidades vitales -seguridad personal, alimentación, trabajo, vivienda, educación- en nombre de una cuarta, quinta, sexta, séptima u octava fase de la revolución -que todo vendrá-; cuando intente, irresponsablemente, incendiar la vida en sociedad, hazte las mismas preguntas que se hizo Wenyerli justo antes de abandonarnos: “Mis hermanos, ¿cómo están mis hermanos? ¿Qué les pasó a ellos? ¿Es cierto que están bien?”.

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9 Comments:

Blogger Desde La Barra said...

mi broder

tu texto es una obra de arte de claridad politica y sentimiento...

caminamos en la madrugada mas oscura...

que es cuando nos toca brillar sacar el fuego del propio corazon...

Pa' lante que nada es eterno

11:28 p.m.  
Blogger Luis Yslas said...

Un abrazo, hermano. Sus palabras atestiguan que usted está bien, al menos en lo que respecta a su lucidez, a su integridad.

8:50 a.m.  
Blogger Rafael G said...

Rafa magnífico artículo sobre una realidad muy dura.
Sólo agrego que cada uno de nosotros debe poner su grano de arena para que todo mejore, a pesar de las fases o desfases de la revolución.
Te felicito, por favor sigue publicando tus notas.
Un fuerte abrazo!

10:41 p.m.  
Blogger Juan Carlos González Díaz said...

Vampiro:

Excelente reflexión. Se agradece la constancia. Y se seguirá agradeciendo.

Saludos,

12:11 p.m.  
Blogger José Pulido said...

Gracias amigo no sólo por llamar mi atención a esta historia (que desconocía), sino aparte por presentarla en el tono en el que lo hizo. Un abrazo y espero podamos hablar pronto.

10:36 p.m.  
Anonymous Wiliiam said...

"¿fases o desfases de la revolucion?"

hay que ser bien caradura!!!!

ladrones y asesinos que tomaron el puesto de los adecos y los copeyanos pero ahora vestidos de rojo!!!

11:15 p.m.  
Anonymous Led Varela said...

bien Vampiro.

1:59 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Gente como Ud. es que hace falta por demás en este país que cada vez más parece un villorrio de la edad media o de la época el oscurantismo.Se nota en su esfuerzo por mantener este genial blog que su ideas no son paja pura como la que expele otro que anda por ahí, cuyo lema parece ser: "Vive como yo te digo, pero no vivas como yo vivo".
gente como Ud., que estudie y se eduque y conozco la historia de la humanidad y luche por salir de la ignorancia.

8:53 p.m.  
Blogger Señorita Cometa said...

Vampi: me acabas de hacer sangrar el corazón...

7:08 p.m.  

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