jueves, diciembre 21, 2006

El compadrazgo irresponsable

Mucha tinta se ha gastado en Venezuela en estudios sobre la repercusión social de la paternidad irresponsable. En cambio, poco se ha dicho, poco se ha reflexionado, sobre los efectos deletéreos causados por aquellos sujetos que un buen día, acaso involuntariamente, terminaron por incumplir el compromiso de vida contraído a los pies de una pila bautismal. Sin embargo no son estas unas líneas de condena.
El soltero que se quiere consciente pasa sus días tratando de llevar una madura sexualidad, administrando el deseo, y también las muchas pasiones, a fin de evitar embarazos no deseados. Pero la vida pasa y los amigos se casan, se arrejuntan, tienen muchachos. Entonces les da por hacerte padrino. Y tú comienzas por echar el agua y terminas por echar la vaina.
Creo que las madrinas son más responsables, por lo menos ese es el dato que parece arrojar una investigación informal que he realizado en algunos hogares de la ciudad capital. Ellas sí lo conocen todo sobre su ahijado: qué edad tiene, cuándo cumple años, cuántas vacunas le faltan Inclusive conocen hasta cómo se llama… En verdad son unas bárbaras.
El padrino, a sabiendas de que el populismo es la viagra de la popularidad, intenta a menudo compensar sus ausencias con operativos de entrega de Barbies y Max Still o con visitas relámpagos a ferias de comida rápida. Y cuando su conciencia le recrimina sus intermitencias en la palabra empeñada, apela, sin más, al manido razonamiento según el cual lo importante no es la cantidad de tiempo sino la calidad de tiempo (muchas veces la expresión trade off suena como a traidor). En fin, ¡que para algo tenían que servir las pacientes lecturas de manuales de autoayuda!
En ocasiones me pregunto si existirá un complejo que exprese en toda su dimensión la carga psíquica registrada en la relación padrino-ahijado. Ya se sabe que el de Edipo signa el vínculo madre-hijo; y el de Electra simboliza el parentesco padre-hijo. Acaso sea cosa de revisar a fondo la mitología griega, la cual a ratos se asemeja a una telenovela de Delia Fiallo -tal es su truculencia-, con el objeto de identificar la figura que nos sirva como paradigma. Aunque, a primera vista, parece que el único complejo existente es la frustración permanente que arrastra el niño al no poder contar con un sólido referente masculino.
Pienso en todo esto al leer una entrevista realizada a Alejandro Moreno, psicólogo y sacerdote salesiano. Nos dice el fundador del Centro de Estudios Populares que en Venezuela la figura del padre no es necesaria para dotar de sentido el mundo afectivo de los integrantes del hogar. El hombre, cuando está presente, a menudo cumple únicamente funciones de ayuda externa.
“La familia popular venezolana se caracteriza por tener sólo dos componentes: madre e hijos. Esta realidad determina que deba hablarse de una estructura de tipo matricentrista, lo que para efectos explicativos puede definirse como un orden familiar donde la madre es la figura encargada de presidir los procesos afectivos, actuar como centro de las relaciones de parentesco, y llevar a cabo la tarea de socializar a los hijos”, comenta el especialista.
Ojalá no sea tarde para revertir esta realidad. Los padres poseen una responsabilidad que no pueden evadir. Los padrinos, última malla de seguridad, tienen por su parte un compromiso que tampoco deben desatender; todo ello sino deseamos que todas estas omisiones nos cobren el mayor de los precios: la ausencia de lo mejor masculino, de una voz que siempre ha mezclado, en sabias proporciones, al niño, a la mujer, al hombre.
Hay que actuar ya. No podemos confiarnos en el tiempo que todo lo soluciona. No hay que olvidar la advertencia de Héctor Berlioz: “El tiempo es un gran maestro. Lo malo es que va matando a sus discípulos”

1 Comments:

Blogger Inos. said...

También hay que tener en cuenta a esos pobres ahijados, más devotos que Marcelino (Pan y Vino), a quienes les "asignan" a esos padrinos beodos, irreverentes e iconoclastas que pululan por nuestra geografía...

¡Pobres angelitos!

10:53 p.m.  

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