miércoles, octubre 10, 2007

Reflexiones de un babysitter


Fabiola y Rebeca sólo son dos mientras están dormidas, porque cuando se despiertan juro por Dios que se multiplican. Debo confesar que, en mi desesperación de cuidador desbordado por el flagelo de la desobediencia infantil, he padecido momentos en los que he llegado a contar cerca de veinte carricitas correteando por la casa con el pañal abombado. Insondable misterio de la reproducción humana que espero algún día poder resolver.
Cuando mis entrañables sobrinitas vinieron al mundo yo me encontraba en plena representación del Monólogo del Desempleo, ópera prima de mi producción humorística. Recuerdo que al llegar a mi hogar, a eso de la medianoche, me puse un tanto nervioso al encontrarlo vacío. Me llevó algunos minutos dar con la pequeña nota de mi madre, donde, con tembloroso trazado, me explicaba las causas del desplazamiento en estampida del grupo familiar.
A la mañana siguiente logré por fin conocerlas. Enseguida ambas fijaron su mirada en mí. Sus ojos parecían decirme, en clave de dueto perdonavidas: “Oye tío Vampiro, te la vamos a poner bien difícil. Somos más rápidas y peligrosas que los gemelos de The Matrix Reloaded. Ya tú veras”. Sin embargo, a pesar del tono belicoso, no me dejé intimidar por la amenaza. Y es que lidiar con muchachos era algo que ya había realizado con mediano éxito. Sin ir más lejos, con mi sobrino Lenín Pérez Jiménez (no sé por qué este nombre siempre me trae reminiscencias democráticas y progresistas) de quien logré sobrevivir a pesar de su temible condición de niño índigo.
Sin embargo, debo confesar que con Fabiola y Rebeca todo ha sido distinto. Mis estrategias de dominación han resultado caducas. No he podido atisbar su variedad cromática (¿serán rojas rojitas?). La velocidad de sus movimientos gatunos me impide la adopción del marcaje individual o por zona. Invariablemente, el minibinomio de oro consigue su objetivo; esto es, hacer de los corotos de la cocina su combo de juguetes, transmutar las blancas paredes en el lienzo primero de su arte Naïf...
No hay labor tan complicada y a la vez tan carente de reconocimiento social como la atención y cuidado de niños. Muchas personas ven en esta actividad el eclipse de sus sueños y expectativas; angelical cementerio de historias individuales ahogadas en llantos y pataletas de bebes inconsolables. Afortunadamente, en la actualidad son muchas las parejas jóvenes que se benefician de la solidaridad de abuelos y familiares -valerosa nómina de babysitters- para seguir adelante con sus trayectorias laborales.
Es harto sabido que los dos primeros años de vida reclaman un esmero especial; una atención que casi nunca se consigue en los salones de una guardería. Y es que no se trata de un problema de desidia profesional, sino más bien de un hecho de fácil comprobación: la imposibilidad de hacer compatible la cantidad de docentes con el número de pequeños en chirona.
La verdad sea dicha: no hay ser más tiránico que un niño; con él no hay democracia ni intercambio de ideas. Nadie reclama de nosotros mayor atención: Es planeta, es luna, es sol. Un expansionista por naturaleza, que comienza confinado en una canastilla para terminar adueñado del dvd, la radio y la televisión por cable. Pero en el fondo todos lo admiramos; todos ansiamos volver a ser como él. Legitimarnos en la sonrisa. Ver el mundo con mirada de estreno.
Fabiola y Rebeca me observan. Se ríen y me extienden los brazos. Creo que son las únicas chicas que, sin incurrir en la descortesía de preguntarme si tengo carro, me proponen que las saque de su encierro. Caigo en su mágico embrujo. Pero cuando estoy a punto de cargarlas el olfato me alerta sobre la odorífera celada. Al saberse descubiertas, mis morochitas sólo atinan a reírse más. ¡Qué increíblemente bello puede llegar a ser el descaro!
Por todo ello, sumo mi voz a uno de los mejores coros del sonero Oscar de León: “Mis hijos queridos, que los bendiga Dios...”

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1 Comments:

Blogger Inos. said...

Menos mal que los niños también pueden ser dulces... si no ya más de uno estaría prendiéndole velas a San Herodes XD

Preciosas las nenas... y de mirada temible.

Salú.

2:35 p.m.  

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