miércoles, marzo 05, 2008

De los desempleados reactivos





A pesar de que las autoridades del Instituto Nacional de Estadísticas se empeñen en sostener lo contrario, en Venezuela abunda la gente sin trabajo. La mayoría de estos desempleados no cuenta con una estrategia específica para reincorporarse al mercado laboral, sino que más bien se resigna a participar, en condiciones de aparente igualdad, en el proceso de asignación de una de las escasas plazas anunciadas diariamente en la sección de clasificados.
Estas personas son conocidas en el ámbito de la Sociología Laboral como desempleados reactivos: individuos confiados en que el advenimiento de su futuro profesional les será mágicamente revelado dentro del piélago de noticias reseñadas por su periódico local.
No discutiremos aquí lo conveniente de tales creencias. Preferimos, en cambio, precisar que las posibilidades de éxito del desempleado reactivo dependerán en gran medida de su habilidad para identificar los diferentes tipos de avisos que se publican en la prensa. Su objetivo fundamental consistirá en no perder su valioso tiempo en tediosos e improductivos procesos de reclutamiento empresarial.
Podemos identificar como uno de los avisos de prensa más letales e insidiosos aquel donde se solicitan abogados, economistas, ingenieros, administradores, farmaceutas, antropólogos, comunicadores sociales, masajistas, narcomulas, francotiradores, surfistas, golpistas, fascistas, terroristas y pare usted de contar. En este sentido, lo que a primera vista pareciera ser un casting organizado por una empresa disquera interesada en conformar la versión venezolana de la agrupación Village People termina casi siempre por ser empleos vacantes para vender enciclopedias o complejos turísticos. El incauto se entera de la jugarreta cuando ya se encuentra hacinado, con otras veinte personas más, en un cuartucho, cuya decoración no tiene nada que envidiarle a un jardín de infancia: con pizarras llenas de horrendos dibujos, cursis reflexiones y cálidas reseñas del trabajador del mes.
Increíble resulta que todavía haya personas que caigan en el anzuelo de avisos como “Hágase millonario mientras duerme” o “Llénese de billete echándose peos” o “Salga de la pobreza mientras se raspa los juanetes”. De estos avisos y de estos ilusos mejor no hablar.
Por supuesto, que no pueden faltar en nuestro análisis aquellos avisos surrealistas donde los empleadores solicitan profesionales de ambos sexos que no superen los 35 años de edad, y cuenten con una experiencia laboral de cuarenta años o más. Al leerlo, uno se pregunta, con todo derecho, si se trata finalmente de una mamadera de gallo. De vaina que piden a los interesados consignar un documento notariado en el que un médium certifique que la persona ejerció efectivamente el oficio durante su penúltima reencarnación.
Pero el caso contrario también ocurre, es decir, empleadores que expresan su deseo de contratar a personas de catorce a veinte años de edad y sin experiencia. El razonamiento de fondo sostiene que el individuo mayor de treinta años ya está contaminado (¡Qué bárbaro! ¡Cómo sí la experiencia laboral fuese una enfermedad de transmisión sexual, una gonorrea, una sífilis!).
Ante este panorama tan desolador se torna imprescindible saber leer entrelíneas las explicaciones de cada uno de los avisos. Por ejemplo, cuando un empleador coloca “capacidad de trabajar en horario flexible” en verdad lo que está pidiendo a su potencial trabajador es que labore de lunes a lunes en horario de guachimán. Cuando el empleador especifica “dispuesto a viajar” no se refiere precisamente a viajes por Estados Unidos y Europa, sino a estadías prolongadas y sin viáticos en cuanto pueblo venezolano esté diezmado por el dengue, las paperas o el sarampión morado. Cuando se especifica “disposición al trabajo en equipo” lo que en realidad se le dice al infeliz desempleado es que no tendrá oficina propia y deberá compartir un computador como con quince personas, las cuales estarán pendientes en todo momento de investigar cuántos mensajes triple X reposan en la bandeja de entrada del correo electrónico.
En fin, los hechos lo demuestran: no busque trabajo, mejor consígase una palanca.

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2 Comments:

Blogger Famayor said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

8:06 a.m.  
Blogger Luis Ernesto Blanco said...

y yo que pensaba decirle: "paciencia que por allí viene una vaina buena"

3:57 p.m.  

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